La primera forma de organización social es la que se funda en el deseo. Calor, comida, techo. Necesidades que sólo pueden satisfacerse en colectivo. La primera liga social es, entonces, material. Son las necesidades las que nos empujan hacia la sociabilidad. Esta sociabilidad habrá de conformar grupos especializados en tareas de producción. El elemento central de este vínculo es la reciprocidad. Cada uno está destinado a trabajar para otros. Pero esta comunidad de satisfacción de necesidades está lejos de ser una comunidad virtuosa. Es, como dice Glaucón en el diálogo: una ciudad de cerdos. Así Platón recurre a los otros elementos de la mente humana: honor y razón.
Los hombres no están satisfechos cuando resuelven sus requerimientos físicos: requieren un aparato para su autodefensa. Así se constituye un cuerpo militar basado en la idea del honor. Se requiere un cuerpo especializado: soldados cuyo trabajo es la guerra y sólo la guerra. El soldado habrá de ser como un perro guardián que sea suave y gentil con sus amos y fiero contra los extraños. Es quien --en curiosa forma schmitteana-- distingue entre amigos y enemigos. Está vestido, pues, de atributos racionales para lograr la distinción. La razón del soldado es de un tipo especial. Se trata de lo que hoy llamaríamos conocimiento empírico, en base a experiencia, mezclado con valor y afecto por la comunidad. Los gobernantes habrán de ser igualmente un grupo especializado en el gobierno. El verdadero gobernante habrá de ser el filósofo. Y no todos pueden ser filósofos. Serán filósofos aquellos que puedan conocer la Idea o la esencia de la justicia, la belleza y la templanza para moldear el caracter de los ciudadanos de esa manera. Debe ser, pues, el conocedor auténtico de la Idea de Bien.
El Estado es el producto de la mente humana, cada aspecto del estado es el producto de un elemento de la mente. La síntesis del Estado de cada uno de sus factores espirituales no puede ser solamente un elemento económico o militar, sino también una organización racional tal y como se guía por la más alta razón que es posible para el hombre. El “rey-filósofo” no es una mera adición o inserción: él es el resultado lógico de todo el método por el que se creó el Estado.
Entonces tendremos que controlar a los cuentistas. Si la justicia ha de ser la inspiración del Estado, el sistema educativo será uno de los mecanismos para poderlo realizar. El otro instrumento sería el comunismo. Concentrémonos aquí en el sistema educativo de Platón. Con razón decía Jean Jacques Rousseau que La República era básicamente un tratado sobre la educación. El Estado, dice Barker debe ser una “institución educativa.” Si se trata de un producto de la mente, ¿qué puede ser más importante que su entrenamiento? Escribe Platón: “Déjame escribir las canciones de un país y no me importa quién haga las leyes.”
El arte se convierte así en un asunto eminentemente político. Por ello Platón critica severamente la organización social ateniense en donde la escuela es una institución privada, mientras que en Esparta se trata de una institución estatal. El educador es el auténtico legislador. Sócrates el más grande de los estadistas. El carácter educativo del estado nos muestra otro elemento de la concepción política clásica: El estado no es una barrera, ni un mal necesario. El Estado tiene una función esencialmente positiva. Hace, construye, fomenta más de lo que controla o prohibe. No es fuerza sino espíritu. La instrucción deberá llevar siempre un mensaje moral que enseñe a los ciudadanos el amor a su ciudad y el sentido de la justicia. Por ello es necesario censurar los contenidos de las artes que podrían pervertir el alma humana. Y es que, si el Estado es una institución educativa es, a fin de cuentas, una máquina de censura. Incluso en la visión espiritualista del estado observamos el elemento de la coación como esencia de lo político. Si los poderes del estado son espirituales, el Estado detentará el monopolio de la ideología legítima. El Estado es censor o perdería su rango ético; en el fondo dejaría de ser. María Zambrano, ella misma poeta y filósofa, ha discurrido sobre este aspecto de la filosofía platónica. Poeta y filósofo son dos mitades del hombre, dice.
No se encuentra el hombre entero en la filosofía; no se encuentra la totalidad de lo humano en la poesía. En la poesía encontramos directamente al hombre conceto, individual. En la filosofía al hombre en su historia universal, en su querer ser. La poesía es encuentro, don, hallazgo por gracia. La filosofía busca, requerimiento guiado por un método.
En Platón se observa la lucha entre estas dos mitades con el mayor vigor. Y pierde la poesía. Se inaugura con ello, dice la poeta la “vida azarosa y como al margen de la ley de la poesía, su caminar por estrechos senderos, su andar errabundo y a ratos extraviado, su locura creciente, su maldición.”
domingo, 25 de mayo de 2008
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